Invierte en CONOCIMIENTO

Cuando decimos que no tenemos tiempo para aprender algo nuevo o para leer un libro generalmente se debe a que estamos invirtiendo ese tiempo en ganar más dinero, directa o indirectamente, o incluso realizando cualquier otra actividad más placentera como hobbies, o mucho peor no estás haciendo nada. La mayoría de veces nos preocupamos en ganar más dinero porque creemos que así seremos más felices: podremos viajar más, comprar más cosas, disponer de una vivienda más confortable, adquirir ropa más cara, étc.

Una vez obtenido un mínimo para vivir cómodamente, el dinero extra apenas afecta a nuestro bienestar psicológico.

De hecho, ni siquiera parece que trabajar por dinero sea la forma más eficiente de trabajar. Cuando realizamos un trabajo solamente por el dinero, más que trabajar estamos ejerciendo un rol de esclavo. Además, las tareas que realizamos sin perseguir un fin económico suelen tener resultados más profesionales porque sencillamente nos apasionan: no realizamos las tareas para obtener un sueldo o un ascenso, sino porque disfrutamos haciéndolo, por el simple disfrute de hacerlo bien.

La moneda del futuro, pues, no es el bitcoin o cualquier otra criptomoneda, sino nuestra capacidad para realizarnos, trabar buenas relaciones sociales y, sobre todo, adquirir nuevos conocimientos.

Por un lado, conocimientos que podemos transformar en trabajos interesantes que todavía están por desarrollar. Las personas que identifiquen las habilidades necesarias para esta clase de trabajos (por ejemplo, desarrollador de software) y las adquieran rápidamente se encontrarán en la cúspide laboral. Aquellos que trabajan arduamente pero no se toman el tiempo suficiente para ampliar horizontes y aprender constantemente otro tipo de cosas, serán los primeros en ser sustituidos por máquinas, como antaño lo fueron los obreros.

El conocimiento también permite comprar más cosas que el dinero, más allá de un buen trabajo, e incluso adquirir cosas que no están en venta. El conocimiento puede transformarse en muchas cosas, como en relaciones sociales más estimulantes. También permite alcanzar objetivos de una forma más rápida y fácil. El conocimiento transforma la propia adquisición de conocimiento nuevo en una tarea más divertida y sugerente. Hace que el cerebro funcione mejor. Amplía el vocabulario, convirtiéndonos en mejores comunicadores. Ayuda a pensar mejor y más allá de las circunstancias, evitando que el árbol eclipse el bosque. Incluso nos borra de la cara la mueca de cenutrio.

En esta nueva era de desmonetización, pues, hemos desechar la idea de que el conocimiento se obtiene en el colegio y la universidad, y una vez alcanzamos el mercado laboral ya podemos vivir el resto de nuestra existencia sin abrir ni un solo libro. Del mismo modo que nos obligamos a acudir a un gimnasio o a dejar de fumar, continuar aprendiendo es ya la más importante prescripción facultativa. Y si esgrimimos de nuevo el mantra de que no tenemos tiempo, solo un dato: si el tiempo que dedicamos a las redes sociales se usará en leer libros, anualmente asimilaríamos entre 100 y 200.

Ya lo dijo Benjamin Franklin  «una inversión en conocimiento paga el mejor interés»

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: